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Nostalgia post-Cervantino

Escribí sobre el Cervantino tan pronto regresé de Guanajuato, pero me alegra no haberlo podido publicar porque con un poco más de tiempo descubrí que hay algo más interesante por contar…

Jueves 20 de octubre de 2016. Logré irme al festival de último momento. La verdad no sabía qué esperar porque finalmente iba con una persona con la que apenas me llevaba y otras 2 que me acababan de presentar, pero a la vez, eso era parte del encanto de esta aventura; como diría alguien por ahí: sorpréndeme…

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4 turistas y una residente

Arrancamos a la 1 a.m. aprox., y con eso me refiero a las chelas, porque el autobús salió mucho después. Empezaba a entender que dormir no era parte del itinerario. En menos de 10 minutos se armó una fiesta ambulante con Ingrata y marihuana en la zona de atrás, L.A. Woman y cigarrillos en la parte de adelante, y unos cuantos armados de pulpo con olor a Rebeca y Mariana en el centro, nuestra zona. La verdad no recuerdo en qué momento me quedé dormida, sólo sé que ninguno de los 4 despertó en el lugar acordado y que -de la nada- alguien gritó que ya habíamos llegado.

Podría hablarles de nuestros juegos alcohólicos, de porqué Noreste Caliente, Terremoto y Otra Vez se volvieron las canciones oficiales del viaje -si tan sólo yo lo supiera-, de cómo apesto jugando Puta-reputa o como se llame esa basura, de lo poco que dormimos; incluso podría darles una clase sobre Vapes o algunas ideas de datos inútiles para ligar. Pero narrativamente, sólo quien vivió la peda, aprecia sus detalles. Así que mejor pasemos a otra cosa.

Si han tenido la oportunidad de estar en Guanajuato, sabrán que de por sí el lugar es mágico, una de las ciudades más bellas e impresionantes del país. Desde que llegas te sientes como en un cuento de tiempos medievales, rodeado de edificios que sólo pueden ser resultado de la imaginación, y sin embargo, son reales. Pero en época de Cervantino, lo increíble alcanza otro nivel.

Lo que estoy por contarles, ocurrió en el fin de semana de clausura. Desconozco cómo es el resto del mes pero no creo que cambie demasiado (habrá que averiguarlo).

¿Qué se hace en el Cervantino?

El Festival Internacional Cervantino consiste en un mes completo (octubre) de actividades culturales relacionadas con la obra más representativa de Miguel de Cervantes Saavedra: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. De hecho Guanajuato fue nombrada Capital Cervantina de América en 2005. Claro que al estar dirigido principalmente a estudiantes, las actividades se han ido combinando con una fiesta masiva , logrando que vicio y cultura convivan en un mismo evento.

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Durante los 3 días que estuve, la ciudad se mantuvo viva sin parar. Paseabas por las calles a las 4 de la mañana y sólo creías la hora porque el reloj y la noche lo juraban, pero bien podrían ser las 10 de la mañana o las 6 de la tarde. El tiempo se perdía. Miles de personas caminaban a todas horas cantando, bailando, brindando, ofreciendo besos gratis y lo más importante, aportando buena vibra a la felicidad total que se respiraba en el ambiente. Por unas cuantas horas, lo único que importaba era sonreír; bueno, y hacer rendir tu dinero.

El itinerario del día podía incluir películas, obras de teatro, entremeses -piezas cortas que se interpretan al principio de una obra de teatro sin tener conexión entre sí-, espectáculos, conferencias, callejoneadas y conciertos, entre otros. Nosotros, por ejemplo, logramos ver a Belanova, Caloncho y Azul Violeta en los famosos Pastitos.

Además, la oferta de bares, antros y todo lo relacionado con alcohol y fiesta, es inmensa a cualquier hora del día. Lo más tarde que cierran es a las 5 a.m., pero para cuando te corren, la fiesta de calles y callejones te da la bienvenida.

Prepárate para el festival

Hay muchas cosas que me hubiera gustado hacer antes de llegar, empezando por leer El Quijote. Obviamente no es requisito para disfrutar del Cervantino, pero sí creo que en esencia, mejora la experiencia. Desgraciadamente por ser un viaje tan improvisado, no tuve tiempo de investigar sobre la ciudad ni sobre el programa como normalmente lo haría. Sin contar que un incidente con mi ropa me hizo perder un día completo buscando reponerla, así que al final decidí dedicarme a disfrutar de la fiesta con mis amigos, y dejar lo cultural para la próxima. Porque eso sí les prometo: vivan el Cervantino una vez y querrán volver siempre.

Por mi parte, amenazo con regresar a robarle un beso a algún guapo de la estudiantina en el Callejón del Beso (para entonces espero haber leído a Cervantes); además esta vez incluiré más lo cultural y espero perderme en la historia tal cual lo exige una ciudad como Guanajuato. Ah, y ahora sí habrá video –pinky promise-, con suerte y con una cámara que le haga justicia a tanta belleza.

Para terminar, me gustaría advertir sobre algunas situaciones:

  1. Eviten caminar solos por los callejones y túneles, la ciudad en general es muy segura, sobretodo durante el Cervantino, pero más vale prevenir.
  2. Así como hay quien sabe tomar y conoce sus límites, hay otros que no. Es muy común encontrar mocositos que no pueden ni con su alma y gente orinando por las calles y puertas de los callejones. La cultura se les evapora más rápido que el alcohol.
  3. Al regresar a tu vida habitual, puedes experimentar una especie de depresión o nostalgia por los días vividos durante el festival -en verdad, pensé que sólo era yo hasta que más personas me dijeron lo mismo-. Es como si hubieras sido tan feliz en una fiesta tan diferente, extraña, loca y única, que de pronto todo parecerá un sueño. Por suerte, el sueño se puede revivir cada año.

Listo, espero les haya podido transmitir un poco de lo que es esta experiencia. De verdad que al menos una vez en la vida, sin importar si son estudiantes o no, ¡vayan!, no se van a arrepentir. Y si sí, al menos me podrán reclamar con argumentos. Les recomiendo que busquen la película El Estudiante, pa’ que chequen un poco Guanajuato y me acompañen en mi nostalgia echando alguna lagrimita por ahí. Hasta la próxima historia…

P.D. Quiero hacer una mención honorífica a quien me acompañó desde el centro hasta El Pípila a las 3 de la mañana, muchas gracias 😉

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